Nombrar a la bestia. Teoría política y crisis de significados
Nombrar la bestia es la tarea más antigua y más actual de la teoría política. Más aun, en este tiempo de crisis de los significados políticos del mundo. Es así: La teoría política vive de las crisis de sus lenguajes y de sus objetos. V. Gastón Mutti es compilador de Cuestiones de Teoría Política. Segundo volumen. Rosario: UNR Editora, 2025. Se trata de una colectiva que propone un tipo de de producción conceptual, que se constituye es una reflexión sobre la posibilidad de la propia teoría política contemporánea. Mutti, a su vez, es autor del prólogo, en el cual establece el horizonte epistemológico de la obra. La noción de “cuestión” nos remite a un problema cuya complejidad desafía los marcos interpretativos disponibles. Así, las cuestiones son aquellas situaciones en las que los conceptos heredados dejan de ofrecer respuestas suficientes. La teoría política aparece, entonces, como una disciplina cuya tarea consiste en formular adecuadamente las cuestiones, las preguntas. En este sentido, las referencias a Guillermo O’Donnell y a Sheldon Wolin resultan decisivas. Pues, por un lado, el maestro argentino, en su célebre metáfora sobre la necesidad de “ponerle nombre a la bestia”, resignifica una concepción del trabajo del politólogo teórico, en el cual, nombrar significa construir conceptos capaces de identificar fenómenos cuya novedad desborda las categorías disponibles; y, por otro lado, el maestro estadounidense, al enseñar que las grandes contribuciones de la teoría política germinan en épocas de crisis, señala que el colapso de los órdenes institucionales libera fenómenos que antes permanecían invisibles. Esta obra pertenece a una tradición, en la cual hacer teoría política es producir herramientas conceptuales que permitan comprender aquello que todavía carece de nombre. Es decir que, las crisis, al mismo tiempo que destruyen instituciones, también erosionan los lenguajes con los que esas instituciones eran comprendidas. Precisamente, esta obra participa de la idea de que la teoría política se inicia ahí donde el vocabulario heredado ya no consigue resignificar los objetos políticos y sociales.
Este libro está organizada política y estéticamente por un bestiario medieval. Este artículo se va a ocupar de dos capítulos, escritos por Beatriz Porcel. El primero, titulado “Los bestiarios como taxonomía de seres políticos”, que revela la profundidad del enfoque del libro. Pues, los bestiarios, que normalmente son catálogos de criaturas fantásticas, pasan a convertirse en formas de clasificar un universo político poblado por seres híbridos, cuya naturaleza desafía las taxonomías convencionales. Este enfoque convierte en inteligible aquello que originalmente aparecía como monstruoso e inclasificable. El segundo, dedicado al “Príncipe centauro”, en el cual la figura maquiavélica del centauro, heredada de la educación impartida por Quirón, simboliza la condición dual de la política, en el cual conviven, por un lado, la prudencia y la racionalidad de las leyes, y por otro, y la pasión la fuerza de la animalidad. Nicolás Maquiavelo, por el centauro, por el bestiario, comprende la imposibilidad de separar completamente al hombre del animal político que en él habita. En verdad, este libro y, en particular estos dos capítulos, nos muestra, que la articulación entre el pensamiento maquiavélico y los bestiarios medievales constituyen, además de una actuación estética, un diálogo en torno a cómo pensar aquello que escapa a las clasificaciones normales, ordinarias, de la teoría y de la ciencia política. Finalmente, Mutti, Porcel, y todos aquellos que escriben en Cuestiones de Teoría Política reivindican la virtud intelectual, y politológica, de nombrar, pues es la primera forma de la lógica del pensar. Para la teoría política, nombrar la bestia es siempre mejor, que tener una bestia, o un objeto, sin nombre.

